Padre Ignacio Larrañaga

A Francisco de Asís, en el Octavo Centenario de su nacimiento.

El autor.

Capítulo primero. Amanece la libertad.

A pesar de todo, regresaba tranquilo. Tenía motivos para sentirse abatido, pero, contra todo lo esperado, una extraña serenidad inundaba su rostro, y a sus ojos asomaba un no sé qué, semejante a la paz de un sueño alcanzado o un amanecer definitivo.

En aquella noche hablan saltado todos los quicios, y sus sueños descansaban ahora sobre un nuevo centro de gravedad. Todo había cambiado como si el mundo hubiera dado aquella noche un repentino giro de ciento ochenta grados. Entre las nieblas matinales que se extendían sobre el valle desde Espoleto hasta Perusa, el hijo de Bernardone cabalgaba, en paz, hacia su casa. Estaba dispuesto a todo, y por eso se sentía libre y feliz.

Se la ha llamado la noche de Espoleto. No obstante, contra lo que parece y se dice, no comienza en esta noche la aventura franciscana, sino que, al contrario, aquí culmina una larga carrera de obstáculos en que hubo insistencias de parte de la Gracia y resistencias de parte del joven soñador. En esta noche se rindió nuestro combatiente.

Nada se improvisa en la vida de un hombre. El ser humano es siempre hijo de uns época y un ambiente, como lo son los árboles y las plantas. Un abeto no crece en las selvas tropicales ni un ceibo en las cumbres nevadas. Si en la cadena de Iss generaciones surge un alto exponente humano, no brota de improviso como los hongos en las montañas.

Nuestra alma es recreada a imagen y semejanza de los ideales que gravitan a nuestro alrededor, y nuestras raíces se alimentan, como por ósmosis y sin darnos cuenta, de la atmósfera de ideas que nos envuelve. Si queremos saber quién es un hombre, miremos a su derredor. Es lo que llaman entorno vital.

Al asomarse al mundo por la ventana de su juventud, el hijo de Bernardone se encontró con un cuadro de luces y sombras. Las llamas de la guerra y los estandartes de la paz, los deseos de reforma y la sed de dinero, todo estaba mezclado en la más contradictoria fusión. Si queremos desvelar el misterio de Francisco de Asís, siquiera unos segmentos —y es eso lo que pretende este libro—, comencemos por observar qué sucede a su alrededor.


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