Sin embargo, no basta el ejemplo. También hace falta doctrina. Pero muchas personas, al madurar, verán que ninguna ideología humana da satisfacción a la persona: sólo el Evangelio.

— Vittorio Messori

Adrienne von Speyr

INTRODUCCIÓN:

LA BUSQUEDA DE LA CONFESIÓN

En todos los acontecimientos que no son inevitables y que implican en su desarrollo la libertad y el deseo, suele el hombre buscar una solución o una vía de escape y, frecuentemente, también una explicación, si bien la escapatoria le resulta mas inmediata que la explicación. Intenta dilucidar que es lo que podría hacer para mejorar su situación, para tener una existencia mas satisfactoria y, también, mas éxito. Y solo cuando este último no se produce en la medida del deseo, busca las causas del fracaso. Es entonces cuando se pregunta sobre el estado de su propia vida. Intenta entender su situación, justificarla, lo cual —quizá— lo lleve a reconocer que las circunstancias son mas fuertes que él, que no puede hacer nada para cambiar su situación, pues ha de luchar contra poderes que son mas eficaces que el. Y sin embargo, en el momento mismo en que, justificándose, llega a la conclusión de que es inocente, comienza de ordinario una inquietud mas profunda y se intuye una culpa oculta.

Por lo general, el hombre no es capaz de llevar a buen término, por si mismo, el análisis de su propio destino. Necesita del intercambio con otra persona. Y lo busca, pero no tanto para escuchar lo que el otro tiene que decirle —el otro es raramente capaz de iluminarle su situación de manera satisfactoria—, sino mas bien para tener una ocasión de expresar justamente lo que le oprime. Quizá, ante todo, para ser confirmado en su opinión por la fuerza de su palabra. Como si lo expresado adquiriese una justeza definitiva mediante el poder misterioso de la formulación; como si el, por haberse descrito, estuviese salvado; como si su situación quedase enmarcada y consolidada mediante las palabras que el simultáneamente dice y se dice. Y aunque la palabra, como tal, no cambia la situación, sin embargo le proporciona el alivio que reside en el «haber puesto las cosas en orden», en la necesidad del «ser así y no de otra manera».


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