Quien quiera algo que no sea Cristo, no sabe lo que quiere; quien pida algo que no sea Cristo, no sabe lo que pide; quien no trabaje por Cristo, no sabe lo que hace.

— San Felipe Neri

 

Rodrigo Franyutti

Desde el Sábado 12/Diciembre/1531, cuando la Imagen de la Virgen de Guadalupe fue vista por primera vez, todos quedaron convencidos de que esta es un verdadero retrato milagroso de la Madre de Dios resucitada, pues su perfección evidente así lo sugería.

   

Copiar la Imagen era el único medio de transmitir su belleza y esplendor a quienes no tenían la facilidad de verla en la ciudad de México, y también a quienes, después de haberla visto, querían conservar su recuerdo. Esto, aunado a la fama que la Imagen tenía de realizar milagros para sus devotos, motivó a los pintores a hacer copias. Pero la belleza y luminosidad de la Imagen son tan perfectas que seguramente todos los artistas presintieron que con sus técnicas y habilidades solas no les sería fácil llegar al mismo resultado. En efecto, si hoy comparamos todas las copias que se le hicieron a la Imagen, podemos ver que ninguna copia logró igualar en color, y aún menos en expresión o hermosura, a la Imagen Original. Y si algunas copias lograron parecido en cuanto al trazado exacto de la figura de la Sma. Virgen, se debió a que los artistas usaron desde 1700 modelos calcados a la Imagen Original. No sólo en esto la Imagen Original se mostró superior a las copias humanas, sino que todavía no se ve, ni se verá, que ninguna copia produzca los efectos extraordinarios de amor a Dios, conversión a lo sobrenatural y unión nacional que solo la Imagen Original es capaz de provocar.

Cuando llegaron los años de la fotografía, por fin se contó con un medio fiel para obtener una reproducción verdaderamente igual a la Imagen del Tepeyac. La Imagen empezó a ser fotografiada desde 1880 aproximadamente. Estas fotos, por primera vez en la historia, mostraron Imagen tal cual era en aquella época. Es interesante saber que la Imagen recibió, desde 1575, varios retoques y añadiduras que no tenía cuando Fray Juan de Zumárraga la vio por primera vez.

Rayos, flores y estrellas doradas, luna, ángel, cinto y nubes, eran todos los adornos que no pertenecían a la Imagen Original en un principio. Por el contrario, el manto, el vestido y el Rostro de la Sma. Virgen todavía se conservaban en su bellísimo estado Original, y al ser fotografiados hicieron de esas fotografías el primer testimonio serio y exacto del milagro.


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