Matilde Eugenia Pérez Tamayo

PRESENTACIÓN

Los últimos días de la vida de Jesús, son un tejido de acontecimientos, situaciones, personajes, acciones y palabras, de inigualable importancia y profunda trascendencia. Los evangelios nos los presentan invitándonos a contemplarlos con profundo respeto y con gran amor.

Leer, meditar, contemplar y orar los sucesos de la pasión, la muerte, y la resurrección del Señor, son, sin duda, una forma privilegiada de fortalecer nuestra fe en él, de compartir sus sentimientos, de asumir en nuestra vida el compromiso siempre vigente de seguirlo, y la misión de anunciarlo a los demás con gozo y esperanza renovadas; un compromiso y una misión que emanan de nuestro Bautismo, y que son fundamentales para todos y cada uno de nosotros.

El libro que tienes en tus manos, querido lector, quiere ser para ti una ayuda en este sentido. Un punto de partida, un apoyo, un conjunto de sugerencias – como quieras llamarlo –; un aporte que te puede servir como base para que tú mismo hagas tu tarea, la que te corresponde a ti personalmente, y que sólo tú puedes realizar. Con profunda humildad lo pongo a tu disposición para que te sirva de guía, y te conduzca hacia tu propia experiencia de fe, que espero sea muy profunda y muy fructífera.

Ten presente siempre que cuando se trata de Dios y de todo lo que tiene que ver con él, la verdadera sabiduría consiste – como decía san Ignacio de Loyola – no simplemente en saber muchas cosas, sino en “saborear”, en “gustar” todo eso que se sabe. Por eso te recomiendo que leas despacio cada meditación, cada oración, cada reflexión, “paladeándola”, para que puedas interiorizarla, orar con ella, e integrarla a tu vida.

Recuerda que el Evangelio es inagotable. Cada día, cada instante, en cada circunstancia de nuestra vida, tiene algo nuevo qué decirnos. Sólo hace falta que abramos nuestra mente y dispongamos nuestro corazón para escuchar. Que abramos nuestra mente y dispongamos nuestro corazón, para que la Palabra de Dios, que es “viva y eficaz, como espada de doble filo” (cf. Hebreos 4, 12), nos penetre y nos transforme, desde dentro de nosotros mismos; para que nos haga criaturas nuevas, a imagen de Jesús resucitado, que es, a su vez, imagen de la gloria del Padre.

Ser imagen viva y clara de Jesús, transparencia de Jesús, es a lo que estamos llamados; eso es lo que tenemos que ser, lo que tenemos que construir, a partir del contacto directo y constante con él.

Imagen viva de Jesús que se encarna, nace, vive, padece, muere y resucita, por todos y cada uno de nosotros, para darnos la salvación, que no es otra cosa que la liberación definitiva  del pecado que nos esclaviza y no nos deja ser felices, como Dios quiere que seamos.

Libres y felices, aquí y ahora, y en la eternidad; con la verdadera libertad y la verdadera felicidad que todos anhelamos y buscamos con tanto afán, pero que sólo se consiguen como don de Dios que es amor, en una relación estrecha y profunda con él.

La autora

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