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Iván Gutiérrez Rodríguez

Los seres humanos casi siempre queremos estar donde no estamos, tener lo que no tenemos y ser lo que no somos

Son muy pocas las personas plenamente satisfechas: unas son infelices porque están gordas y quieren ser flacas; otras tienen el cabello ondulado y lo quieren tener liso; es frecuente oír comentarios acerca del clima: si está haciendo mucho calor, ¡Ay, qué dicha que hiciera frío! Y si está haciendo frío, ¡Ay, qué dicha que hiciera calor!



Estos son meros ejemplos, ya que una lista completa sería interminable. Lo que sucede es que no nos damos cuenta de que a veces “nuestros principales enemigos somos nosotros mismos”.

Individuos en conflicto consigo mismos crean una sociedad en conflicto. Cuando un problema nos desequilibra por dentro y algo nos fastidia, cuando con nada nos sentimos a gusto, cuando nada nos complace y nos convertimos en jueces permanentes de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, bien sea que todo mejore o empeore, detrás de cada una de estas situaciones hay un antecedente y un porqué que lo explica, una raíz.

Un malestar generalizado encuentra, sin duda, su origen en una creciente crisis social de valores que se volvió común, ha ido minando la felicidad y la paz verdadera y de la cual ya no parece escaparse nadie, ni siquiera el perro de la casa. Sí, leyó bien, el perro de la casa; porque hoy en día es muy normal oír que a Firulays le dio estrés o depresión y también toca llevarlo al psicólogo.

Cuando notamos que algo no funciona bien en nuestra vida y entramos en crisis solemos reaccionar con pañitos de agua tibia y, por el efecto de las presiones de seguir para adelante, muchos nos refugiamos en lo primero que nos ofrezca el deslumbrante y exquisito consumismo. Un ejemplo cotidiano son las famosísimas promociones de tipo Televentas: A las primeras veinte mil personas que llamen en estos cinco minutos les regalamos un puñado de cilantro.

“El hombre sólo es quien es cuando está solo”. Lo que no hemos aprendido es cómo remediar los males de manera completa y verdadera sino que, casi siempre, nos cubrimos con máscaras para posar en cada lugar de una manera diferente o nos disfrazamos de apariencias con orgullo injustificado, como dice la frase de Napoleón Bonaparte: “El orgullo es el arma de los débiles”.

Seguimos el camino con cara de poderosos, nos decimos que aquí no pasa nada, que todo está bien; caminamos y hasta levitamos pero, eso sí, llenos por dentro de incertidumbre, ansiedad, temores, depresiones, estrés, etc. Lo peor de todo, engañándonos a nosotros mismos al construir nuestra vida sobre estas debilidades.

Luchamos y luchamos para encontrar en nuestros proyectos, la verdadera paz y felicidad o la realización plena; pero no sabemos si alguna raíz o atadura del pasado nos las está truncando. Nos pasa lo de los dos borrachitos que se subieron de noche en su canoa para pasar al otro lado del río donde quedaban sus casas y remaron una, dos y tres horas, hasta que uno de ellos, ya cansado y mareado de remar y remar, preguntó al otro: pero si nosotros vivimos a diez minutos del otro lado y hemos remado y remado casi toda la noche ¿por qué no llegamos? De repente, uno de los dos borrachos miró para atrás y vio que no habían soltado la canoa del árbol donde estaba amarrada.

El camino más sano y verdadero para conocer lo que somos es escarbar en nuestra historia, nuestra niñez, hasta encontrar en las costumbres los malos ejemplos de nuestros padres y allegados, así como la falta de afecto, abandono, maltrato o burla de nuestros defectos físicos y emocionales. Es allí donde encontramos la raíz del malestar que nos aqueja y que se refleja en resentimientos, miedos, pérdida de la autoestima, ansiedades y hasta en enfermedades corporales, afectivas y mentales. Es tan sencillo como lo primero que uno construye para lograr que un edificio sea fuerte y resistente: las bases.

Y cuando uno ha vivido todas estas situaciones en carne propia, tal como le sucedió al autor, sí que lo entiende.



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3 comentarios
  1. María Franco
    María Franco Dice:

    Comencé a leer su libro y su experiencia con su tía me cautivo he sido siempre muy carmelitana y desde el año 90 conocí a las descalzas, no dudo que su tía a través suyo sigue cautivando corazones para Dios, apenas voy por la página 47 pero quise hacer un paréntesis y decirle esto se que encontraré respuestas en este libro!!

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