Entre todas las emociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es el único con que la criatura puede corresponder a su creador.

— San Bernardo de Claraval

 

San Agustín

Capítulo I

Cómo el conocimiento de la divina ley ayuda a no pecar

2. Antes de comenzar doy inefables gracias a Dios, que me dirige y guarda, porque no me he visto defraudado en la opinión que tenía de los santos hermanos y obispos que actuaron como jueces en esta causa. Pues no sin razón dieron como buenas las respuestas de Pelagio, sin preocuparse de si las doctrinas de que se le acusaba se enseñaban o no en sus libros, sino teniendo únicamente en cuenta lo que respondió a las preguntas que se le hicieron. Una cosa es negar la fe y otra muy distinta dejarse llevar de ciertas inexactitudes de lenguaje.

   

Digamos ya que los santos hermanos y obispos de las Galias Heros y Lázaro habían presentado un memorial contra Pelagio; más, siéndoles imposible asistir a la tramitación del proceso por la grave enfermedad de uno de ellos, como después supimos, de su memorial se tomaron los cargos hechos a Pelagio, siendo el primero haber escrito en uno de sus libros: No puede vivir sin pecado sino quien tuviere conocimiento de la ley. Formulado este cargo, dijo el sínodo:¿Tú, Pelagio, has escrito esto? Y él respondió: Si, por cierto, pero sin dar a mis palabras el sentido que les atribuyen mis adversarios. Yo no he dicho: No puede pecar quien tuviere el conocimiento de la ley, sino que el conocimiento de la ley es una ayuda para no pecar, según está escrito: Dioles la ley como ayuda  Oída esta respuesta, dijo el sínodo: La doctrina que profesa Pelagio no es contraria a la doctrina de la Iglesia.

Cierto que no es contraria a la fe de la Iglesia la respuesta de Pelagio; pero sí lo es el pasaje citado de su libro. Los obispos, como su lengua era el griego y las palabras de Pelagio tenían que entenderla por medio del traductor, no quisieron enredarse en discusiones, atentos sólo a la profesión de fe que hacía Pelagio y no parándose a examinar las palabras con que Pelagio expresaba en su libro su fe.

3. Una cosa es que el conocimiento de la ley ayude al hombre a no pecar, y otra muy diferente que no pueda vivir sin pecado sino quien tuviere conocimiento de la ley. Vemos que las mieses se desmenuzan sin los trillos en la era, bien que los trillos, si acaso se usan, sirven de ayuda; que los niños pueden ir a la escuela sin la compañía del pedagogo, bien que no sea inútil la ayuda del pedagogo; que muchos sanan de sus achaques sin la asistencia del médico, aunque es evidente la ayuda prestada por el médico; que el hombre puede sustentarse con otros alimentos, aunque no usen del pan, sin embargo de que el pan es tan excelente conocimiento de la ley. Formulado este cargo, dijo el sínodo:¿Tú, Pelagio, has escrito esto? Y él respondió: Si, por cierto, pero sin dar a mis palabras el sentido que les atribuyen mis adversarios. Yo no he dicho: No puede pecar quien tuviere el conocimiento de la ley, sino que el conocimiento de la ley es una ayuda para no pecar, según está escrito: Dioles la ley como ayuda  Oída esta respuesta, dijo el sínodo: La doctrina que profesa Pelagio no es contraria a la doctrina de la Iglesia.

Cierto que no es contraria a la fe de la Iglesia la respuesta de Pelagio; pero sí lo es el pasaje citado de su libro. Los obispos, como su lengua era el griego y las palabras de Pelagio tenían que entenderla por medio del traductor, no quisieron enredarse en discusiones, atentos sólo a la profesión de fe que hacía Pelagio y no parándose a examinar las palabras con que Pelagio expresaba en su libro su fe.


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