Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.

— Mateo 11, 28

Edith Stein

INTRODUCCIÓN

OBRAS FILOSÓFICAS

Cuando se habla de «filosofía» o se dice de alguien que es un «filósofo» se asocia involuntariamente a ello una serie de complejos arguméntales por demás complicados y hasta ininteligibles. Las personas, hombres y mujeres, que los representan, parecen provenir de un mundo de teorías y principios abstractos, que poco tiene que ver con los acontecimientos de la vida cotidiana. Los verdaderos filósofos y la filosofía misma tienen, sin embargo, muy poco que ver con esa opinión lamentablemente demasiado extendida. Sin duda alguna, la filosofía es una «ciencia» y como tal no es inmediatamente accesible al que se interesa por ella; por otra parte, sin embargo, la filosofía es una «pasión» que asume a la persona no sólo en su intelectualidad, sino también en su corazón y la lanza constantemente a la búsqueda de la Verdad. Precisamente aquí se encuentra el centro de toda filosofía y de cada filósofo o filósofa: en la búsqueda insaciable de la Verdad. En este sentido podemos decir que Edith Stein era una gran filósofa. La búsqueda incansable de la Verdad acuñó toda su vida y la entrega incondicional a esa Verdad le dio su sentido y contenido propios.

   

En el devenir de la historia cada persona vive su propia historia y la de Edith Stein se desarrolló desde su juventud en íntima comunicación con la filosofía, interpretada ésta como ciencia y como pasión. Sus primeros intentos científicos en el ámbito de la germanística, de la historia y la sicología en la Universidad de Breslau concluyeron, después de apenas dos años, para dar lugar a una dedicación casi exclusiva a los temas filosóficos. Profundamente decepcionada por la «sicología sin alma» descubrió en las «Investigaciones lógicas» de Edmund Husserl la precisión de pensamiento que había buscado desde el comienzo de sus estudios. Edmund Husserl fue el fundador de un nuevo método de investigación filosófica de principios de este siglo llamado «fenomenología» y con la obra citada abrió rumbos de pensamiento que aún hoy siguen siendo fructíferos en el quehacer filosófico. Edith Stein fue su fiel discípula y penetró de tal manera en el método de su «Maestro», que toda su obra posterior mantuvo la impronta fenomenológica recibida en sus años de formación.

La filosofía académica de los comienzos de nuestro siglo estaba preñada de una suerte de neokantianismo que se desarrollaba cada vez más radicalmente hacia una visión filosófica eminentemente subjetiva. El «Yo» (sujeto) constituía las categorías de la realidad y pasaba a ser de esa manera su fundamento y medida. Según esto, la realidad perdía su carácter objetivo y no podía ser considerada en independencia de un sujeto. Husserl se opuso fervientemente con su método fenomenológico a esa forma de neokantianismo, intentando dar un paso revolucionario y conservador a la vez, a saber, proporcionar a la realidad una nueva autonomía, considerándola en cuanto tal y en independencia de un sujeto. Su lema era: «Volver a las cosas». Resultaba imperioso rechazar todos los prejuicios filosóficos y científicos para que la filosofía se dirigiera directamente a la realidad, tal como ella es y como se nos muestra: como fenómeno (de ahí el nombre «fenomenología»). Esa visión inocente («naiv») y desprejuiciada de los fenómenos implicaba un reconocimiento absoluto de la independencia que la realidad exterior tiene respecto de la conciencia. Con ello estaba replanteando no sólo temas concernientes a la filosofía, sino también numerosas cuestiones de carácter teológico. De esa manera, por ejemplo, Dios deja de ser un mero postulado para convertirse en la posibilidad objetiva de la trascendencia. En consecuencia, se abre la posibilidad de la aceptación de la fe como fenómeno extrasubjetivo que no puede ser conceptualizado categorialmente por la conciencia. Esa apertura frente a la fe era una de las características de la fenomenología y Husserl bromeaba muchas veces diciendo que debería ser canonizado por la Iglesia Católica en razón de que tantos de sus discípulos habían encontrado el camino de la fe a través del método fenomenológico.


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