Sintió compasión de ellos


Yo necesito pocas cosas, y las pocas que necesito, las necesito poco.

— San Francisco de Asís

Daniel Iglesias Grèzes

Prólogo

“Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»” (Mateo 9,36-38).

“Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.” (Mateo 14,13-14).

“Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.” (Marcos 6,31-34).

“Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.»” (Marcos 8,1-3).

En el sitio web de Misereor, obra de cooperación para el desarrollo de la Iglesia Católica en Alemania, se dice lo siguiente:

MISEREOR fue fundada en el año 1958 como entidad de ayuda para «combatir el hambre y la enfermedad en el mundo». En su carácter de organización de desarrollo de la Iglesia Católica de Alemania, MISEREOR ofrece su cooperación a todos los hombres de buena voluntad, para combatir la pobreza a nivel mundial, abolir estructuras de injusticia, promover la solidaridad con los pobres y oprimidos y contribuir a la construcción de «UNMUNDO». […]

MISEREOR llama a los católicos y demás ciudadanos de Alemania a tomar conciencia de la pobreza y la miseria existentes en el mundo, a percibir al mismo desde la perspectiva de los pobres y oprimidos, y a sentir y sufrir con ellos, conforme al ejemplo de Jesús: “MISEREOR super turbam” – «Siento compasión de esta gente».”

Naturalmente, todo esto está muy bien, pero -como se verá a continuación- es de lamentar cierto sesgo unilateral o reduccionista en esta “exégesis alemana”.

En los cuatro textos evangélicos que reproduje más arriba se nos narra que Jesús se compadeció de la multitud. Sin embargo, los cuatro textos difieren en cuanto a la motivación de ese sentimiento de Jesús y en cuanto a la consecuencia inmediata de ese sentimiento.

Me parece que hoy existe una tendencia a olvidar los tres primeros textos y a recordar sólo el cuarto. Allí Jesús siente compasión por la multitud hambrienta en el desierto y en consecuencia la alimenta mediante el prodigio de la segunda multiplicación de los panes. También se tiende a olvidar que este milagro no fue un simple reparto de provisiones, sino un anticipo del banquete mesiánico y un signo del Pan de Vida, que es el mismo Jesucristo.

En el segundo texto no se indica el motivo de la compasión de Jesús por la multitud, pero se dice que Jesús reaccionó curando a sus enfermos. Los milagros de curación realizados por Jesús son signos visibles de su poder para curar las almas heridas por el pecado.

Además, en el primer y el tercer textos, Jesús siente compasión de la gente porque estaban “como ovejas sin pastor”. En el primer caso Jesús reacciona enseñando a los discípulos a rogar a Dios Padre para pedirle “que envíe obreros a su mies”. En el tercer caso, en cambio, la compasión lo mueve a dejar de lado su plan de descansar en un lugar solitario y a ponerse “a enseñarles muchas cosas”.

En este contexto, me parece oportuno citar el discurso que el Cardenal Giacomo Biffi, Arzobispo de Bolonia (Italia), pronunció el viernes 15/04/2005 en una reunión de Cardenales, poco antes del comienzo del Cónclave que eligió al actual Papa, Benedicto XVI.

«Después de haber escuchado todas las intervenciones -justas, oportunas, apasionadas- que aquí han resonado, quisiera expresar al futuro Papa (que me está escuchando) toda mi solidaridad, mi simpatía, mi comprensión y también un poco de mi fraterna compasión. Pero quisiera sugerirle también que no se preocupe demasiado por todo aquello que aquí ha escuchado y no se asuste demasiado. El Señor Jesús no le pedirá resolver todos los problemas del mundo. Le pedirá que lo quiera con un amor extraordinario: ‘’¿Me amas más que éstos?’ (cfr. Jn 21,15). En una ‘tira’ y ‘caricatura’ que nos llegaba de Argentina, la de Mafalda, he encontrado hace varios años una frase que en estos días me ha venido a la mente frecuentemente: ‘Ahora entiendo; -decía aquella terrible y aguda muchachita- el mundo está lleno de problemólogos, pero escasean los solucionólogos’.

Quisiera decir al futuro Papa que preste atención a todos los problemas. Pero primero y más todavía que se dé cuenta del estado de confusión, de desorientación, de descarrío que aflige en estos años al pueblo de Dios, y sobre todo que aflige a los ‘pequeños’ [énfasis agregado por mí].

Hace unos días escuché en la televisión a una religiosa anciana y devota que respondía así al entrevistador: ‘Este Papa, que ha muerto, ha sido grande sobre todo porque nos ha enseñado que todas las religiones son iguales’. No sé si a Juan Pablo II le hubiese gustado mucho un elogio como ése.


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