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Consecuencias y perdón de los pecados y el bautismos de los niños



Aprendamos de Jesús a rezar, a perdonar, a sembrar la paz, y a estar cerca de los necesitados.

— Papa Francisco

San Agustín

Prefacio

Por más que pasan sobre mí graves cuidados y tareas enojosas, con que me agobian los pecadores, desertores de la ley divina (aunque también atribuyo a mis pecados la causa de semejantes trabajos), con todo, no he querido, o para hablar con más verdad, no he podido, ¡oh carísimo Marcelino!, prolongar la tardanza en responder a tu sincero interés, que te hace a mis ojos más agradable y amable.

Porque tanta fuerza me ha hecho, sea la caridad, por la que hemos de ser gloriosamente transformados en el único bien soberano; sea el temor de no ofender en ti a Dios que te ha comunicado ese deseo -pues, complaciéndote a ti, seguro estoy de servir a quien lo inspiró-; tanta fuerza, repito, me ha hecho, de tal modo me ha movido y forzado a resolver según mis escasas luces las cuestiones que me enviaste por escrito, que por esta sola causa he dado de mano a otras ocupaciones, hasta realizar algún trabajo con que mostrase mi correspondencia a tu buena voluntad y a la de aquellos que se desvelan por estas mismas cosas, si no con la suficiencia que el caso requiere, a lo menos con obsequiosa sumisión.

El pecado, causa de la muerte de Adán II. 2. Quienes dicen que Adán fue creado de suerte que hubiera muerto aun sin pecar, no por castigo de su culpa, sino por necesidad de su naturaleza, sin duda se empeñan en aplicar no a la muerte corporal, sino a la del alma, que se contrae pecando, lo que está escrito en la ley: El día en que comiereis, ciertamente moriréis.

Con esa clase de muerte indicó el Señor que estaban muertos los infieles, de quienes dice: Deja a los muertos enterrar los muertos. Pero ¿qué responderán al pasaje donde se lee lo que dijo el Señor al primer hombre después del pecado, increpándole y condenándole: Tierra eres y en tierra te convertirás?

Pues, evidentemente, no por razón del alma, sino del cuerpo, era tierra, y con la muerte corporal había de volverse polvo. No obstante eso, aun siendo corporalmente tierra y conservando este cuerpo animal en que fue creado, si no hubiera pecado, hubiera sido transformado en cuerpo espiritual, para conseguir sin peligro de muerte el estado de incorrupción prometido a los fieles y a los santos.


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