Construir el amor

José Pedro Manglano

Introducción

Se dice que muchos amores fracasan.

Pero no. No. Seguro que no.

 

Los niños a todo le llaman cosa.

Y por no tener nombres para referirse a los distintos objetos,

sus relaciones con el mundo son pobres:

todo lo reducen al «me gusta» o al «no lo quiero».

 

Los mayores aniñados a todo le llaman amor.

Y por no tener nombres para referirse a las distintas experiencias,

sus relaciones afectivas con las otras personas son pobres:

todo lo reducen al «me gusta» o al «no le quiero».

 

Algún que otro amor fracasa.

Lo que ocurre es que a muchos seudo-amores les llaman amor

y a muchos amores no sentidos les llaman desamor.

El amor no es rosa y transitorio; es rojo y cíclico.

Unas veces se vive con la pasión del enamoramiento.

Otras se transforma en un tranquilo «te quiero».

Y otras se pasa por un doliente amor que crece y sufre por realizarlo.

 

La verdad del amor es la unión real que procura.

Continuamente descubre un mejor «yo» que entregar al otro.

Continuamente descubre un mejor «tú» que apreciar.

Continuamente descubre una mayor necesidad del «nosotros».

 

Pero no todos pueden amar.

El flirteo capa el corazón.

El afán posesivo mata la relación.

El ahora y el aquí, la alegría y la amabilidad, la aceptación… lo riegan.

 

Amar es posible, y es la felicidad.


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