¿Dios existe?

Dante A. Urbina

PREFACIO

¿Dios existe?: he ahí la que seguramente es la pregunta más profunda y trascendente de la filosofía. En efecto, la filosofía, sea desde una u otra perspectiva, se ocupa del problema del ser (ontología), la verdad (epistemología) y el bien (ética). Ahora, si Dios existe, Él se constituirá como el Ser fundamental, la Verdad absoluta y el Bien supremo. En consecuencia, su existencia o inexistencia condiciona toda nuestra comprensión del mundo. Por tanto, no resulta extraño que sea precisamente el hombre, la criatura racional, quien se pregunte sobre Dios. Y es que, independientemente de qué tipo de respuesta o actitud adopte después, en algún u otro momento y/o de algún u otro modo, el hombre siempre e inevitablemente se planteará la cuestión de Dios.

Pues bien, es ahí donde se justifica el objeto de la presente obra: establecer racionalmente el teísmo, es decir, la postura filosófica de que Dios sí existe. No buscamos dar aquí una respuesta fideísta (“fe ciega”) ni emocional, sino una que sea fundamentalmente racional. Por tanto, realizaremos un abordaje eminentemente filosófico de la cuestión para darle una respuesta coherente, consistente y fundamentada. En ese contexto, el lector que tenga una mediana cultura y un conocimiento básico de filosofía podrá aprovechar plenamente la obra pues se discutirán problemas filosóficos citando numerosa literatura especializada al respecto. No obstante, este no pretende ser un tratado academicista sino que su propósito es principalmente que quien lo lea pueda resolver racionalmente la cuestión de la existencia de Dios y, por tanto, todo se buscará explicar con un lenguaje lo más sencillo y ameno posible tocando, por supuesto, los puntos importantes pero sin caer en discusiones extremadamente detalladas o ultraespecializadas que solo interesarían a un reducido grupo de lectores dificultando la inteligibilidad para la gran mayoría. Sin embargo, por atender pertinentemente a ese “justo medio”, se corre el riesgo de que este libro sea criticado como “demasiado complejo” por algunas personas no especializadas o como “demasiado simple” por algunas personas ultraespecializadas. Pero es un riesgo que vale la pena correr con tal de mantener la rigurosidad y, al mismo tiempo, llegar a la mayor cantidad de personas posible. En todo caso, cualquier persona medianamente culta podrá entender suficientemente la obra y le animamos a ello.

Ahora, el subtítulo de la obra es “El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer”. Pero, ¿cuál es el porqué del “todo creyente deberá”? Podría pensarse que esta obra no tiene ninguna utilidad para un creyente pues este ya cree en Dios y, por tanto, no necesita nada más. Pero la verdad es que hay al menos dos muy buenos motivos para que un creyente se adentre en esta obra: primero, para que pueda consolidar su fe conociendo que existen razones para la misma; y, segundo, para que, teniendo ya una fe fortalecida, pueda ayudar a otros, incluso no creyentes, a acercarse a Dios por medio de la “predicación apologética” (explicación racional de la fe). Y es que luego de leer y comprender bien esta obra el creyente estará suficientemente preparado para enfrentar incluso el más “intelectualizado” y “refinado” ateísmo sin necesidad de recurrir a “clichés” fideístas o emocionales sino únicamente en base a argumentos racionales.


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