Introducción al profetismo bíblico

José Luis Sicre Díaz

Prólogo

Desde 1992, fecha de su publicación, Profetismo en Israel ha tenido siete reediciones sin cambio alguno. Hace tres años vi la necesidad de actualizar la bibliografía y, sobre todo, de tener en cuenta las últimas tendencias en la exégesis de los profetas. Comencé la labor, y al cabo de unos meses la abandoné. No por el enorme esfuerzo que suponía recoger gran cantidad de datos nuevos, sino porque el libro necesitaba una revisión profunda. A petición de Guillermo Santamaría, director de Verbo Divino, volví a plantearme la tarea y creo haber encontrado la solución que me deja relativamente tranquilo.

El mayor cambio en el estudio del profetismo durante las últimas décadas ha sido el paso del interés por los profetas (Isaías, Jeremías, etc.) al interés por los libros. La reconstrucción de las vidas de los profetas, tan típica del siglo pasado, es juzgada ahora como una labor muy subjetiva, sin base histórica cierta; además, no permite explicar el libro o el escrito atribuido a un profeta, ya que la mayor parte del mismo procede de autores posteriores.

En este sentido, el mayor fallo de la primera edición de Profetismo en Israel es que no trata los libros proféticos, opción que tomé para no alargar más la obra. He procurado subsanarlo en esta segunda edición. Ahora adquieren mucho más protagonismo los personajes anónimos (discípulos, escribas, cantores, editores) que tuvieron parte esencial en la redacción de los libros proféticos. Al mismo tiempo, al hablar del profeta incluyo datos sobre el libro actual que lleva su nombre. Cosa fácil cuando se trata de un escrito breve, más complicada cuando abordamos libros tan complejos como los de Isaías, Jeremías y Ezequiel.

El método que sigo (comenzar por el profeta y terminar por el libro), puede resultar ilógico porque, como dicen algunos, lo único seguro que tenemos son los libros. Es cierto. Pero a la mayoría de los lectores de Jeremías, por ejemplo, le resulta más fácil y atractivo comenzar por una biografía del profeta, que ayuda a entrar en contacto con el mensaje y el conjunto del libro, que no por una lectura de corrido de sus 52 capítulos. Aunque esa biografía tenga muchos puntos débiles y oscuros, parece un buen recurso pedagógico.

Incluir los libros proféticos me ha obligado a reducir o suprimir algunos capítulos para que la obra no se desbordase. La reducción afecta sobre todo al cap. 1 («Adivinación y profecía»), al antiguo cap. 9 («Antecedentes de la profecía bíblica»), en el que he suprimido toda la parte referente a Egipto, y al capítulo final sobre la monarquía y el mesianismo. Por motivos pedagógicos, he preferido eliminar dos capítulos y distribuir la materia tratada en su lugar correspondiente: así he hecho con el antiguo capítulo 4 («Vocación y crisis») y con el antiguo capítulo 21, sobre el imperialismo.

Una obra de este tipo supone citar gran cantidad de libros y artículos. La bibliografía final puede parecer a alguno excesivamente larga. Sin embargo, he suprimido numerosos títulos, incluso importantes. En los que cito, generalmente de las últimas décadas, encontrará el especialista abundante información sobre los años anteriores.

Para no cargar las notas a pie de página con datos insoportables (nombres de los editores, editoriales, fechas, páginas), que a la mayoría de los lectores no interesan, y que interrumpen una lectura fluida del texto, los relego a la bibliografía final, limitándome a indicar con el nombre del autor (y a veces con alguna palabra del título) a qué libro o artículo me refiero. Pero este criterio solo lo aplico a libros y artículos relativos a los profetas. Cuando se refieren a otras cuestiones marginales, ofrezco todos los datos en la nota.

Tengo que agradecer a un antiguo alumno, Ignacio Telesca, las numerosas sugerencias, todas ellas muy concretas, que me dejó escritas con vistas a una segunda edición. He tardado años en hacerle caso, pero nunca es tarde.

La transliteración de las palabras hebreas representa a veces un gran problema ya que requieren signos que no se encuentran entre los códigos ASCII. Ruego al especialista que sepa disculpar estos fallos.

Roma y Granada, octubre 2011


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