Experiencias cercanas a la muerte



La verdadera conciencia no emite sus juicios apoyada en las costumbres de la mayoría, sino iluminada por el Dios omnipotente.

— San Agustín

Patrick Theillier

PRÓLOGO

El doctor P. Theillier es un buen conocedor de la realidad sobrenatural. Ha trabajado durante diez años en el Departamento de Constataciones Médicas del Santuario de Lourdes, relatando el carácter inexplicable de las curaciones obtenidas en dicho lugar y trabajando con médicos no creyentes sobre estos fenómenos.

En este trabajo explica lo que significan las curaciones y los milagros desde la perspectiva de la autoridad competente: se nos habla de lo que significa el amor de Dios en la vida de los hombres para fortalecer la fe del Pueblo de Dios y somete estas experiencias a la luz de la ciencia para determinar su objetividad científica, determinando desde las ciencias antropológicas su compatibilidad con la fe.

Ante lo inexplicable, la grandeza de la razón le conduce al camino de la fe. La fe, en este sentido, se entiende como la búsqueda insaciable de la verdad y sin la razón no se podría dar este proceso de búsqueda. San Juan Pablo II, en la encíclica Fides et Ratio, afirma: «La fe y la razón son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad, Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él, para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo» (cfr. Ex 33, 18; Sal 27 [26], 8-9; 63 [62], 2-3; Jn 14, 8; 1 Jn 3, 2).

Una afirmación fundamental del Credo de la Iglesia es la fe en la resurrección y la vida eterna. No se puede decir ser cristiano y no profesarla, ya que la resurrección es la culminación de la obra redentora de Cristo. La apologética cristiana trata de mostrar las afirmaciones fundamentales de la fe cristiana. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) nos recuerda:

«Que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día. Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad (cfr. Juan 6, 39-40; 1 Tesalonicenses 4, 14; 1 Corintios 6, 14; 2 Corintios 4, 14; Filipenses 3, 10-11)». «La resurrección de los muertos es la esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella (cfr. 1 Corintios 15, 12-20)». «Se impuso como una consecuencia específica de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. Es también Aquel que mantiene fielmente su Alianza con Abraham y su descendencia; esta esperanza fue revelada progresivamente por Dios a su Pueblo (cfr. 2 Macabeos 7, 9)». «La esperanza cristiana en la resurrección está totalmente marcada por los encuentros con Cristo resucitado. Nosotros resucitaremos como Él, con Él, por Él».


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