Meditaciones del Rosario. Cuarto Misterio Doloroso. Jesús con la cruz a cuestas

Lo matarían en poco tiempo. ¿Y qué clase de muerte? Las había horribles. Horrible sería morir para tu Hijo. ¿La degollación, la horca, la cruz? Lo que siempre habías temido, por fin había llegado: “Mi Hijo morirá en breve”. Y tal vez de una muerte horrible. ¿Qué mal había hecho? Ninguno, nunca, a nadie. Pero estaba profetizado y tenía que suceder. La espada de Simeón penetraba en tu corazón de forma cruel. Escuchas un griterío, ves gente que corre enardecida. Te imaginas lo peor. Lo van a hacer pedazos.

Cruzando unas calles alcanzas a ver sobresaliendo entre la multitud tres cruces. La espada se clava mucho más. ¿Escuchaste? “Si eres el Hijo de Dios…” No puede ser otro que tu Hijo. Te lo han confirmado los insultos de la plebe. No solo morirá pronto. Morirá crucificado… Nada ni nadie le salvará. Los soldados lo vigilan. La voluntad de Dios está clara. ¿Aceptarla? ¡Qué terrible, qué agonía! Prefieres morir Tú mil veces…

Un golpe seco y una de las cruces desaparece por momentos. Está tirada en el piso y en el piso también yace tirado tu Hijo: No puede con la cruz. La flagelación fue horrible y no le quedan fuerzas más que para exhalar el último suspiro. Aumenta el griterío, los insultos, los estallidos de los látigos sobre la espalda triturada.

Por fin logras acercarte y contemplar de cerca la escena. Tus ojos se encuentran con los de Jesús; tu amor y el suyo se abrazan en un nudo de dolor y de ternura. Le dices con todo tu ser que estás ahí y estarás con Él, acompañándole, confortándole, hasta el final. El encuentro del Nuevo Adán con la Nueva Eva hubiera amansado a la fiera más feroz. Penosamente la cruz avanza hacia el agujero preparado en el piso del Calvario donde será plantada como árbol de vida.

El Cirineo le ayuda. Es un alivio. Un hombre que se anima a llevar la cruz en su lugar. Pero ahora la cruz avanza más rápido hacia el lugar de la ejecución. Un hombre robusto la lleva. Cuanto le agradece a ese hombre desconocido, como a todos los que hacen más llevadero el dolor de Jesús. Hay muchos Cireneos y Verónicas que se compadecen, que ayudan a Jesús en la terrible tarea de la redención del hombre.

Una mujer valiente también se compadece, logra acercarse y secarle el rostro ensangrentado. Jesús agradece a todas las Verónicas que le acompañan en su dolor. María también agradece a los miles de almas que acompañan a Jesús en su sufrimiento.

Se escucha un golpe seco de madera pero amortiguado porque cae sobre la espalda de Jesús. La cruz le golpea, le machaca un poco más antes de matarlo del todo. Pero Jesús no maldice la cruz. Sabe que la cruz es un cetro, un trono y el instrumento precioso de la redención. Los cristianos que han comprendido no maldicen la cruz, la veneran. “Líbreme Dios de gloriarme en nada sino es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo…” San Pablo.

Cada uno lleva su cruz hacia su propia montaña del Calvario. Unos reniegan, otros la abrazan; pero todos llevan su cruz. Esas cruces, comenzando por la de Jesús y la de todos los demás formarán en el cielo un bosque sagrado que visitaremos de rodillas.

Jesús merece toda la compasión, pero no la pide. El se compadece de todas aquellas mujeres que lloran por Él: “No lloréis por mí, llorad, más bien, por vosotras y por vuestros hijos…” Y da la razón del leño verde y del leño seco. Tan en serio quiso tomarse la redención el leño verde que por algo será. Jesús recordó en ese momento el infierno eterno donde irán a parar los leños secos. Se lo recordó a las madres de los duros hebreos y a todas las que quisieran oírlo.

Tercera caída, La cruz le aplasta, el pecado de toda la Humanidad le doblega; es un gusano que se arrastra por el suelo. Tal vez murió por un rato. Y a base de golpes volvió en sí. Se incorporó de nuevo. Jesús cae, pero siempre se levanta. Así nos enseña qué hacer cuando caemos: Levantarnos siempre. Y volver a empezar. Seguir nuestro camino.

Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen.

Esa palabra apagó el incendio de odio de todo el mundo contra Él. Los excusa. Ciertamente unos no saben, otros sí. Pero Cristo los excusa a todos, a todos perdona, y morirá habiendo perdonado a todos los hombres, y sin almacenar una gota de rencor hacia ninguno. Un perdón más ancho que el mar, más inmenso que el cielo. Jesús no sabía odiar, sólo amar. El perdón es una finura del amor. Al pedir perdón por todos demostró que amaba a todos.

Madre, que escuchaste esta palabra de Jesús, nosotros te decimos “Perdónanos, Madre, aunque a veces sí sabemos lo que hacemos”.

Ese perdón llega fresco, directo, eficaz, al pecador, cada vez que se arrodilla en el confesionario. Los condenados están perdonados, pero no quisieron el perdón. Se requería un mínimo de humildad y arrepentimiento, pero ni eso tuvieron. Mientras que otros, al menos al final, incluso en el último día, lo tuvieron, y se salvaron.

El buen ladrón fue uno de estos. ¿Qué le movió el corazón a hacer la oración que le salvó su alma?¿El encuentro de María con Jesús?¿La paciencia y humildad infinita del Redentor? El caso es que se dejó mover por la gracia y oró así: “Acuérdate de mí, cuando estés en tu Reino”. Reprochó primero a su compañero por su comportamiento. Y este reproche y la respuesta de Jesús deberían haberle hecho recapacitar. Pero prefirió morder el anzuelo del orgullo y perderse para siempre. “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Jesús prometió el cielo para más adelante a muchos. Pero darlo el mismo día sólo a este ladrón. ¡Bendito!

P. Mariano de Blas LC


Libros de este autor/tema


Fe como un grano de mostaza

Fe como un grano de mostaza

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que ...
Ver Libro
Jesús llora sobre Jerusalén

Jesús llora sobre Jerusalén

Del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44 En aquel tiempo, al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si también tú conocieras ...
Ver Libro
Las bienaventuranzas

Las bienaventuranzas

Autor: P Clemente González Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ...
Ver Libro
EL Proceso: ¿Eres tú el Hijo del Dios?

EL Proceso: ¿Eres tú el Hijo del Dios?

Fue necesaria la oración del huerto para afrontar con majestuosidad el desenlace del drama: tu pasión bendita. Porque fuiste tú quien salió al paso de ...
Ver Libro
No es importante lo exterior

No es importante lo exterior

Mientras hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado ...
Ver Libro
Necesidad de la vigilancia

Necesidad de la vigilancia

Del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38 Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su ...
Ver Libro
La purificación del Templo

La purificación del Templo

Del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22 Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo ...
Ver Libro
El ciego de Jericó

El ciego de Jericó

Autor: P Clemente González Del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43 En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado ...
Ver Libro
Parábola de los trabajadores de la viña

Parábola de los trabajadores de la viña

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a ...
Ver Libro
Persecución de los discípulos

Persecución de los discípulos

Del santo Evangelio según san Lucas 21, 12-19 «Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles ...
Ver Libro
La ruina de Jerusalén

La ruina de Jerusalén

Autor: P. Misael Cisneros  Del santo Evangelio según san Lucas 21, 20-28  En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén cercada ...
Ver Libro
Herodes oye hablar de Jesús

Herodes oye hablar de Jesús

Autor: Comunidad de Carmelitas Descalzas de Toro Del santo Evangelio según san Lucas 9, 7-9 Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, ...
Ver Libro
Mi Reino no es de este mundo

Mi Reino no es de este mundo

En aquel tiempo preguntó Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo ...
Ver Libro
¡Bendita tú, entre todas las mujeres!

¡Bendita tú, entre todas las mujeres!

Autor: Edgar Pérez  Del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56 En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región ...
Ver Libro
Fiel y prudente a la Voluntad de Dios

Fiel y prudente a la Voluntad de Dios

Del santo Evangelio según san Lucas 12, 39-48< Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no ...
Ver Libro
Al habla con sor Faustina Kowalska

Al habla con sor Faustina Kowalska

Te confieso, amigo lector, que me he encontrado durante muchas horas sumido en la vida interior de sor Faustina. Me ha impactado todo. Me ha ...
Ver Libro
Diario Espiritual

Diario Espiritual

Lunes 30 de enero [1899] He tenido hoy la alegría de ofrecer a mi Jesús varios sacrificios sobre mi defecto dominante, ¡pero cuánto me han ...
Ver Libro
¿Católico y Masón?

¿Católico y Masón?

La masonería es una Sociedad que dice ser benéfica y procura combatir la ignorancia en todas sus formas. Se presenta como tolerante con todas las ...
Ver Libro
En unión con las almas del Purgatorio

En unión con las almas del Purgatorio

  ¡Cuantos misterios esconde la Voluntad de Dios!. Y muchos de ellos sólo se nos revelarán cuando ya sea tarde para corregir nuestro rumbo, y ...
Ver Libro
Monte de Perfección

Monte de Perfección

Leyendo en el sentido natural de una ascensión o escalada de abajo hacia arriba: – Las cuatro columnas o secciones (de izquierda a derecha) escritas ...
Ver Libro
Dificultades en la oración mental

Dificultades en la oración mental

Hay un procedimiento, que se usa para la impresión de láminas en color, que consiste en la confección de planchas separadas para cada color elemental ...
Ver Libro
El Hombre que sabía demasiado

El Hombre que sabía demasiado

Harold March, el nuevo y renombrado periodista político, paseaba con aire decidido por una meseta en la que, desde hacía tiempo, se iban sucediendo por ...
Ver Libro
Gaudete et exsultate

Gaudete et exsultate

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL 1. «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos ...
Ver Libro
El Espíritu Santo y su tarea

El Espíritu Santo y su tarea

  En la Sagrada Biblia, en los Hechos de los Apóstoles (19, 2), leemos que San Pablo fue a la ciudad de Efeso, en Asia ...
Ver Libro
Forja

Forja

  Aquella madre -santamente apasionada, como todas las madres ¡a su hijo pequeño le llamaba: su príncipe, su rey, su tesoro, su sol. Yo pensé ...
Ver Libro
Defensa de la fe católica

Defensa de la fe católica

El presente no es un tratado de Apologética (Ciencia que expone las pruebas y fundamentos de la verdad de la religión católica), pero sí un ...
Ver Libro
Razones para nuestra esperanza

Razones para nuestra esperanza

  Con sobrados motivos de satisfacción, me dispongo a prologar la presente exposición y defensa de las principales verdades de la fe católica. Hoy en ...
Ver Libro
Devocionario de 1931

Devocionario de 1931

La religión cristiana está extendida por todo el mundo y a ella debemos nuestra civilización. Saber, pues, lo que es dicha religión es asunto que ...
Ver Libro
La filosofía de San Buenaventura

La filosofía de San Buenaventura

La decisión inicial por la que una filosofía como la de San Buenaventura se coloca entre la fe y la teología, delimita rigurosamente el campo ...
Ver Libro
Ateos y Judíos Convertidos a la Fe Católica

Ateos y Judíos Convertidos a la Fe Católica

La conversión es un encuentro personal con Cristo, en el que se compromete toda la persona y toda la vida futura. Eso supone dejar muchos ...
Ver Libro

Mas lecturas del Evangelio


Fiel y prudente a la Voluntad de Dios

Fiel y prudente a la Voluntad de Dios

Del santo Evangelio según san Lucas 12, 39-48< Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no ...
Ver Libro
Conversión de Zaqueo

Conversión de Zaqueo

Autor: Ignacio Sarre  Del santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10  En aquel tiempo, Jesús, habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre ...
Ver Libro
Una curación en sábado

Una curación en sábado

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 10-17 Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía ...
Ver Libro
La purificación del Templo

La purificación del Templo

Del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22 Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo ...
Ver Libro
Parábola de los trabajadores de la viña

Parábola de los trabajadores de la viña

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a ...
Ver Libro
La muerte de Cristo en la Cruz

La muerte de Cristo en la Cruz

Autor: H. Óscar Ramírez  Del santo Evangelio según san Juan 18, 1-19, 42. Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente ...
Ver Libro
Cuidado con la avaricia

Cuidado con la avaricia

En aquel tiempo, uno de la gente le dijo a Jesús: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «¡Hombre! ...
Ver Libro
Fe como un grano de mostaza

Fe como un grano de mostaza

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que ...
Ver Libro
Necesidad de la vigilancia

Necesidad de la vigilancia

Del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38 Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su ...
Ver Libro
La prisa de la caridad

La prisa de la caridad

Autor: P. Fintan Kelly    Probablemente a María le llevó tres días para ir de Nazaret al pueblo de su prima que está cerca de ...
Ver Libro
La puerta estrecha

La puerta estrecha

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30 En aquel tiempo Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ...
Ver Libro
Jesús llora sobre Jerusalén

Jesús llora sobre Jerusalén

Del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44 En aquel tiempo, al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si también tú conocieras ...
Ver Libro
Jesús en Nazaret

Jesús en Nazaret

Del santo Evangelio según san Lucas 4, 16-30 En aquel tiempo fue Jesús a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en ...
Ver Libro
Signos de los tiempos

Signos de los tiempos

Autor: P . Sergio Córdova LC  Del santo Evangelio según san Marcos 13, 24-32 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pasado el sufrimiento ...
Ver Libro
Ay de vosotros, escribas y fariseos

Ay de vosotros, escribas y fariseos

Del santo Evangelio según san Mateo 23, 23-26 En aquel tiempo Jesús habló diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo ...
Ver Libro
Generosidad de la viuda

Generosidad de la viuda

Autor: P. Juan Gralla  Del santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44 En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: Guardaos de ...
Ver Libro
Las bienaventuranzas

Las bienaventuranzas

Autor: P Clemente González Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ...
Ver Libro
Mi Reino no es de este mundo

Mi Reino no es de este mundo

En aquel tiempo preguntó Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo ...
Ver Libro
La oración que Cristo nos enseñó

La oración que Cristo nos enseñó

Autor: Clemente González Del santo Evangelio según san Lucas 11, 1-4 Y sucedió que, estando Él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno ...
Ver Libro
Siervos inútiles ante el Señor

Siervos inútiles ante el Señor

«¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: “Pasa al momento y ponte a la mesa?” ¿No ...
Ver Libro
Dolor, humillación y gloria de las espinas

Dolor, humillación y gloria de las espinas

Autor: P Mariano de Blas LC  Dolor añadido, por si fuera poco la flagelación. Pero había que martirizar cada parte de su cuerpo. Después de ...
Ver Libro
Parábola del juez corrupto

Parábola del juez corrupto

Autor: P. Clemente González  Del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8 En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos que era preciso orar ...
Ver Libro
El ciego de nacimiento

El ciego de nacimiento

En aquel tiempo, mientras Jesús salía de Jericó acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Bartimeo, un mendigo ciego, estaba ...
Ver Libro
El que coma de este pan vivirá para siempre

El que coma de este pan vivirá para siempre

Del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58 En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del ...
Ver Libro
¡Ha resucitado el Señor!

¡Ha resucitado el Señor!

Autor: P . Sergio Córdova LC  El día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy de mañana cuando aún era de noche, y ...
Ver Libro
Id por todo el mundo y prediquen el Evangelio

Id por todo el mundo y prediquen el Evangelio

Del santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20 Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y ...
Ver Libro
Maldiciones contra escribas y fariseos

Maldiciones contra escribas y fariseos

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entráis ...
Ver Libro
Elogio a la madre de Jesús

Elogio a la madre de Jesús

del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28  En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, alzó la voz una mujer de entre la ...
Ver Libro
La Epifanía del Señor

La Epifanía del Señor

Del santo Evangelio según san Mateo 2, 1-12 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente ...
Ver Libro
La mies es mucha y los obreros pocos

La mies es mucha y los obreros pocos

Del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-12 En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los envió de dos en dos ...
Ver Libro
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta