Quería amar y no conocía lo que había de amar. ¡He encontrado al que buscaba mi alma!.

— San Francisco de Sales

Lucas 11, 27-28. Tiempo Ordinario. Dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan. 

Autor: P. Clemente González 

del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28 

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: ¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron! Pero Él dijo: Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.

Oración introductoria

Ven, Espíritu Santo, ilumina mi oración para que pueda, hoy y siempre, escuchar y poner en práctica la Palabra de Dios. Y así como la mujer del Evangelio supo descubrir la grandeza de tu Madre, yo también pido su intercesión para recibir, y saber aprovechar, la gracia para cumplir siempre tu voluntad.

Petición

María, enséñame a cumplir la voluntad de Dios, con el mismo amor y sencillez que tú viviste.

Meditación del Papa

Ante la exclamación de una mujer que entre la muchedumbre quiere exaltar el vientre que lo ha llevado y los pechos que lo han criado, Jesús muestra el secreto de la verdadera alegría: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. Jesús muestra la verdadera grandeza de María, abriendo así también para todos nosotros la posibilidad de esa bienaventuranza que nace de la Palabra acogida y puesta en práctica. Por eso, recuerdo a todos los cristianos que nuestra relación personal y comunitaria con Dios depende del aumento de nuestra familiaridad con la Palabra divina. Finalmente, me dirijo a todos los hombres, también a los que se han alejado de la Iglesia, que han abandonado la fe o que nunca han escuchado el anuncio de salvación. A cada uno de ellos, el Señor les dice: “Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos”. Benedicto XVI, Exhortación apostólica post sinodal Verbum domini, n. 124.

Reflexión 

“Más bien, dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan”. Y es que Jesús nos dirá lo mismo durante la última cena: “Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor”. El Evangelio de hoy toca una de las fibras más sensibles del ser humano: su voluntad. ¡Cuántos buenos propósitos, cuántas buenas intenciones, cuántos deseos de conversión… y, qué pocas realizaciones!

Decir, hablar y prometer, cuesta poco. Es el paso del dicho al hecho, lo que marca la diferencia entre un hombre auténtico y otro de carnaval. Obras son amores y no sólo buenas razones. Jesús, al ofrecernos este pasaje de su vida, tiene presentes nuestras miserias y limitaciones. Con ello, no quiere decir que hemos de ser perfectos de la noche a la mañana: “Nadie es bueno sino sólo Dios”.

El Evangelio habla de los que oyen y guardan la palabra de Dios. Estas dos acciones, implican interés, esfuerzo y generosidad por parte nuestra. Habrá caídas, habrá dificultades y fracasos. Pero no estamos solos. Jesús subió a la cruz para enseñarnos el camino, para demostrarnos que es posible escuchar y poner por obra la palabra de Dios. Cristiano no es un nombre, ni una etiqueta de almacén. Cristiano significa discípulo de Cristo, imitador del Maestro.

Ojalá que este texto de San Lucas sea un llamado a la coherencia de vida y una invitación a poner por obra nuestra fe. La fe sin obras es una fe muerta y, la mayor de todas las obras es la caridad.

Propósito

Leer diariamente un pasaje del Evangelio, buscando aplicar su enseñanza en mi vida.

Diálogo con Cristo

Gracias, Jesús, por recordarme que en tu Palabra es donde puedo encontrar tu voluntad. Es relativamente fácil saber qué es lo que me puede llevar a la santidad; la complicación se da cuando hay cosas que no me agradan o cuando flaquea mi voluntad. Quiero ser bueno y generoso como la Virgen María, dame tu gracia para renovar mi fidelidad.


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