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Leo J. Trese

El autor del libro que presentamos nos muestra un sacerdote muy cercano, sin sacrificar para ello nada de lo que debe entrar en la “fisonomía” propia del ministro de Dios: vasija de barro que contiene el tesoro de las misericordias divinas que debe volcar sobre los hombres, sus hermanos.

El lector se acercará a la lectura de este libro con la curiosidad de quien va a contemplar un espectáculo nuevo. Nuevo, pero sencillo. Se acaricia de cerca el sacerdocio y se siente el aleteo divino, aunque el peso de la condición humana oponga sus dificultades para un vuelo de altura; lo cual no es obstáculo para que, en las peripecias corrientes y naturales de toda una jornada, se perciba, finamente y como en un estremecimiento, el heroísmo puesto en esas batallas cotidianas sin brillo aparente, pero que se apuntan en el cielo y es amabilísima sacudida en las almas que lo contemplan.

Es un libro para todos: para los seglares es una llamada a la comprensión y al cariño y al respeto; para los sacerdotes es un examen de conciencia práctico, suave y vigorizante.

Empieza un nuevo día

Una mano, a tientas, busca el despertador; dos pies se echan al suelo. Se ha conseguido otra victoria; empieza un nuevo día.

Muchas veces he pensado que la salvación de un sacerdote depende de estos diez segundos que siguen al toque del despertador. Es tan fácil decirse a sí mismo: “Sólo cinco minutos más.” Y los cinco se convierten luego en quince o treinta o más minutos. Como consecuencia se hace inevitable un chapuzón a toda prisa, una loca carrera hacia el altar y, así, comienza el trabajo del día sin más oración que las dichas al revestirse los ornamentos. Y, sin embargo, sé muy bien que sólo la oración puede dar ritmo y sentido al nuevo día.

Por un proceder verdaderamente extraño, mañana tras mañana, sin querer darnos cuenta de su malicia, caemos en lo mismo. Para tranquilizar, aunque no muy honradamente, nuestra conciencia, ponemos el despertador una hora antes de la Misa. Ni nosotros mismos seríamos capaces de admitir que no tenemos intención de levantarnos con puntualidad.


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