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Santa Hildegarda de Bingen (Autor)

  • Formatos disponibles: EPUB, MOBI y PDF
  • Paginas: 196
  • Fecha de publicación: 05/04/2017
  • Idioma: Español
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Descripción

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LA CREACIÓN Y SU INFLUJO EN EL SER HUMANO

(1) La creación del mundo. Dios fue antes de la creación del mundo; es y no tiene principio, y Él mismo fue y es la luz, el esplendor y la vida. Así pues, cuando Dios quiso hacer el mundo lo hizo de la nada, pero la materia del mundo estaba en su propia voluntad.

(2) La materia. Pues cuando la voluntad de Dios se mostró para dedicarse a su tarea, al punto se produjo la materia del mundo como un globo oscuro e informe, conforme a su voluntad y de la manera que Dios quiso.

(3) La creación de los ángeles. Y sonó la palabra del Padre: "Hágase la luz"; y la luz se hizo y los ángeles lucientes. Y la luz sin lumbreras, que son los ángeles se formó porque dijo: "Hágase la luz". Pero cuando dijo: "Háganse las lumbreras", esta es la luz que vemos en el aire.

(4) La caída de Lucifer. Lucifer, por su parte, vio un lugar vacío junto al aquilón que no servía para nada y quiso colocar allí su lugar para ocuparse de más y mayores cosas que Dios, ignorando la voluntad de éste en la creación de las demás criaturas. No miró el rostro del Padre ni supo de su fuerza ni gustó su bondad porque antes de percibir estas cosas intentó rebelarse contra Dios. En efecto, Dios aún no la había manifestado sino que lo había mantenido oculto como hace el hombre fuerte y poderoso que esconde su fortaleza a los otros hombres que la desconocen hasta el momento en que ve qué es lo que aquellos piensan de él, qué quieren y qué empiezan a hacer.

Y cuando Lucifer con su voluntad perversa, quiso alzarse hacia la nada, ya que nada era lo que quiso hacer, cayó en la nada y no pudo sostenerse porque debajo de él no había fondo. Pues no tuvo cima sobre sí ni fundamento por debajo que pudiese sostenerlo para no precipitarse.

Y cuando se extendió hacia la nada, empezó a expandirse, y esta expansión produjo el mal, y enseguida este mal ardió dentro de él sin claridad ni luz porque envidiaba a Dios, como una rueda que arrollándose y girando sobre sí muestra dentro tinieblas ardientes. Así el mal se separó del bien y el bien no tocó el mal ni el mal el bien. Por su parte Dios permaneció íntegro y Padre en su bondad, como un torno, porque su paternidad está llena de benevolencia y de esta forma su paternidad es justísima, benignísima y firmísima y está establecida como patrón de la paternidad, como un torno.

Ahora el torno está en alguna parte y lleno de todo tipo de cosas. Porque si este torno no tuviese nada salvo un círculo exterior, estaría vacío. No podría suceder que algún extraño llegara por casualidad y quisiera trabajar en él. En efecto, dos artesanos no pueden desarrollar sus empeños en un solo torno. ¡Oh, ser humano!, contempla al ser humano que aloja en sí el cielo, la tierra y otras creaciones, y es una forma que tiene dentro de sí todas las cosas.

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