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Juliana de Norwich (Autor)

  • Formatos disponibles: EPUB, MOBI y PDF
  • Paginas: 214
  • Fecha de publicación: 29/04/2017
  • Idioma: Español
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Descripción

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Juliana de Norwich (1342-¿1416?)

Reclusa, mística y visionaria

Poco sabemos de la vida de Juliana, tan sólo lo que ella cuenta, y esto se refiere especialmente a su experiencia: lo que deseó, lo que vio, lo que oyó, lo que preguntó… y pocos datos más, suficientes no obstante para situarla. Recibió sus revelaciones el 13 de mayo de 1373, a los treinta años y medio de edad, en el transcurso de una enfermedad que la llevó a las puertas de la muerte. El copista de la primera versión de las Visiones afirma que en 1413 vivía todavía, como reclusa en Norwich; en este mismo manuscrito se nos dice que su madre y otras personas estaban a su lado en el momento de la enfermedad. Nada más. No sabemos dónde nació, si se casó, cuándo se convirtió en reclusa, cuándo murió; ni siquiera su nombre es seguro, pues tal vez lo tomó de la iglesia de Saint Julian junto a la que se recluyó. Por los archivos de la ciudad de Norwich tenemos noticia de algunas donaciones hechas a Juliana; la primera está fechada en 1394, lo que parece indicar que en ese tiempo era ya anacoreta; un legado de 1404 menciona a su sirvienta Sara, y otro de 1415 nombra, además de Sara, a Alicia, «en ocasiones su criada». El último de los testamentos que se refiere a Juliana por su nombre es de 1416; después —1423,1429— se hablará simplemente de la reclusa de Saint Julian, lo que hace suponer que Juliana había muerto.

Todo empezó con el deseo

Esta revelación fue concedida a una criatura simple e iletrada, viviendo en su carne mortal, en el año de nuestro Señor 1373, el día 13 de mayo; y antes de esto, ella había deseado tres gracias (c. 2).

La aventura visionaria de Juliana empezó con el deseo, palabra clave en su obra que repite una y otra vez. No fundó una orden religiosa, no tuvo, que sepamos, una vida social relevante, simplemente deseó y vio; y escribió lo que vio. Juliana deseó, nos dice, y deseó tener un deseo ardiente, y se encontró con el deseo ardiente de Dios.

Su experiencia visionaria ocupó poco más de veinticuatro horas, pero Juliana necesitó veinte años para comprender cabalmente sus visiones. Fruto de todo ello son las dos versiones de su único libro; una, la más breve, la más apegada a la experiencia inicial; la segunda, más larga, en la que recoge las reflexiones realizadas en esos veinte años con su inteligencia iluminada, pues Dios le ha abierto «los ojos del entendimiento».

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