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Ana Catalina Emmerick (Autor)

  • Formatos disponibles: EPUB, MOBI y PDF
  • Paginas: 86
  • Fecha de publicación: 05/05/2017
  • Idioma: Español
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Descripción

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Jesús ayuna cuarenta días en el desierto.

JESÚS partió antes del sábado acompañado por Lázaro desde la posada de éste hacia el desierto. Le dijo que tornaría después de cuarenta días. Desde esta posada caminó solo y descalzo y fue al principio, no en dirección de Jericó, sino hacia el Mediodía, como quien va a Belén, pasando entre los lugares de los parientes de Ana y los parientes de José, cerca de Maspha; luego torció hacia el Jordán.

Anduvo por estos lugares, hasta el sitio donde había estado el Arca de la Alianza y donde había celebrado Juan aquella solemne fiesta. A una hora de Jericó subió a la montaña y se internó en una amplia gruta.

Esta montaña se extiende desde Jericó, entre Oriente y Mediodía, sobre el Jordán, hacia Madián. Jesús comenzó su ayuno aquí, en Jericó; lo prosiguió en diversos lugares, al otro lado del Jordán, y lo completó aquí, adonde lo trajo el diablo cuando lo tentó.

Esta montaña ofrece, desde su cumbre, una vista muy extensa: en parte está cubierta de plantas y en parte aparece empinada y árida. La altura no es tanta como la de Jerusalén, pero está en una comarca más baja y se levanta solitaria. Cuando miro las montañas de Jerusalén veo la del Calvario más alta, de modo que está al mismo nivel que la mayor altura del templo. En dirección a Belén, o sea hacia el Sur, está Jerusalén, sobre una cumbre empinada y peligrosa; por este lado no hay entrada ninguna y todo está ocupado con palacios y edificios.

Jesús subió ya de noche a una de las cumbres empinadas de la montaña del desierto, que llaman ahora de la Cuarentena. Hay como tres respaldos en esta montaña y tres grutas, una sobre otra. Desde la superior, adonde subió Jesús, se ve por detrás un abismo rocoso; toda la montaña está llena de quebradas muy peligrosas. En esta misma cueva habitó un profeta, de cuyo nombre no me acuerdo, 400 años antes. También Elías estuvo algún tiempo oculto aquí y agrandó la cueva. Sin que nadie supiese de donde venía, descendía a veces hasta el pueblo, ponía paz y profetizaba. Unos 150 años antes habían tenido aquí su habitación unos 25 esenios. Al pie de este monte estaba el campamento de los israelitas cuando con el Arca de la Alianza y las trompetas daban vueltas alrededor de Jericó. En este mismo lugar está el pozo cuyas aguas dulcificó el profeta Eliseo. Santa Elena hizo arreglar estas cuevas en forma de capillas, y yo he visto una vez, en una de estas capillas, un cuadro que representaba la escena de la tentación. En la parte de arriba hubo también, en otros tiempos, un convento. Yo no acababa de comprender cómo pudieron llegar los trabajadores hasta la altura del monte donde estaba ese convento. He visto que Santa Elena edificó muchas capillas en estos y otros santos lugares. También levantó una capilla sobre la casa paterna de Ana, a unas dos horas de Séforis, donde sus padres tenían otra casa. Me causa mucha tristeza ver que estos santos lugares fueron devastados hasta perderse el recuerdo de las iglesias y capillas allí existentes. Cuando yo era niña e iba, antes del amanecer, por entre la nieve a la iglesia de Koesfeld, veía todos estos lugares, muy claramente; y veía también que a veces personas piadosas, para evitar que los soldados y guerreros los devastaran, se interponían y se echaban al suelo delante de sus espadas.

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