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Anécdotas de una vida apostólica

P. Jorge Loring

Extracto:

Generalmente se entiende que el prólogo de un libro ha de ser una especie de aval que garantice al lector -debido a que suele estar escrito por una persona de cierto renombre- el interés y valor del libro que tiene en sus manos.

Este prólogo va a ser la excepción: primero porque el autor del libro no necesita aval, y segundo porque el autor del prólogo no goza de crédito. En este sentido -y sólo en éste- podría calificarse este prólogo de ¡excepcional!

Conocí al Padre Jorge Loring el día de sus Bodas de Plata como sacerdote. Hasta ese momento sólo tenia de él el grato, pero lejano, recuerdo de uno de sus múltiples vídeos visionado en una clase en el Instituto.

Recuerdo que la homilía que pronunció se me quedó profundamente grabada. Con el lógico apuro de contar ante tanta gente un recuerdo que había mantenido guardado en su corazón, pero también consciente de lo aleccionador y profundamente cristiana que resultaba aquella “anécdota”, nos contó, con la garra que siempre le ha caracterizado, el episodio de su vocación y la heroica actitud de su madre ante lo que humanamente resultaba tan “disparatado”.

Aquel recuerdo, que el lector encontrará narrado en las páginas de este libro, es una de esas lecciones que uno recibe en su adolescencia, y que le marcan para siempre.

Mi segundo encuentro con el Padre Loring fue también en una boda, pero esta vez de seglares: Carlos e Inma, dos buenos amigos míos, se casaban en Cádiz, y el P. Jorge – amigo íntimo de la familia – celebraba el enlace.

Todavía recuerdo el regocijo del novio al anunciarnos a todos los amigos quién iba a ser el cura que les casaba, advirtiéndonos, intrigante, que él le había pedido para la ceremonia una homilía “doctrinal”.

Los que ya le conocíamos disfrutábamos al pensar en la homilía. Ni que decir tiene que la plática no nos defraudó, ni por lo incisiva, ni por lo acertada. Si hay un rasgo que define al P. Loring es que llama a las cosas por su nombre.

Pero ha sido mi tercer encuentro con el Padre, el que, a juzgar por los resultados, ha sido más fructífero.

Todo empezó en una conferencia de los Propagandistas Católicos donde le saludé y estuvimos hablando un buen rato de una de nuestras “pasiones”: Internet.


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